VI CITUAC CUSCO 2023

Y así fue como los miembros de la Tuna de San Marcos, después de llegar al Cuzco, adoptaron los indicativos incas. Pipo se convirtió en Inti, Kechi en Pachacuti, Gato en Wiracocha, Manotas en Wuaskar, Genito en Huayna Capac, Viejo en Amaru, Puber en Manco Capac, Cejas en Qori, Volquete en Llama, Imhotep en Urco Inca, Chispita en Q’antu, Timón en Apu, Messi en Sapa, Tortuguita en Auki, Loco Poggi en Ayar Manco, Popil en Cusi Yupanqui, Wilson en Inca Roca, Jeanpolvito en Wayna Qhapaq, Friki en Sinchi, Gitana en Ollantay, Curly en Mayta Capac, Sucre en Wamani, Fido Dido en Topa Inca Yupanqui y Jengibre en Atahualpa.

Pero, ¿qué sucedió en el Cuzco durante la tercera semana de mayo de 2023 para que estos honorables tunos llevaran estos reales indicativos? Lo contaré sin rodeos.

Partimos de nuestros hogares con ansias y una mochila repleta de expectativas, ya que desde 1996 no pisaban juntos el valle sagrado. Nuestros primeros pasos en la ciudad imperial resonaban en las calles empedradas, mientras la ciudad vibraba con un ritmo frenético. La Tuna de San Marcos, luciendo sus vistosos trajes y coloridos pardillos, caminaba con orgullo y alegría, acompañada por el eco de sus canciones y la contagiosa alegría de sus miembros. Cada uno de ellos llevaba en su pecho el escudo de su amada universidad, un símbolo de historia, pertenencia y honor.

La majestuosidad de la imperial ciudad del Cuzco se revelaba ante nuestros ojos. Sus calles adoquinadas, testigos de un pasado grandioso, parecían recibirnos con los brazos abiertos. En cada esquina, la historia, la arqueología, los mitos y las leyendas se entrelazaban, susurrando cuentos de la antigua civilización inca y de una cultura que se niega a ser olvidada. Los muros de piedra guardaban secretos que solo Cieza de León podría desentrañar, pero los tunos, con su espíritu bohemio y su amor por la buena música, buscaban escribir su propia historia en aquel lugar, y vaya que lo lograron.

La Tuna de San Marcos se convertía en un símbolo de pasión, alegría y camaradería, deleitando a locales y turistas de todo el mundo con sus melodías contagiosas que aún resuenan en los corazones más apasionados. Las plazas Huacaypata, Recocijo, San Francisco, San Blas y muchas otras se convirtieron en escenarios improvisados donde las cuerdas de las guitarras y los acordes de las bandurrias llenaban el aire con notas alegres y entusiastas. Los corazones se convertían en palmas y ellos en monedas que se unían en una comunión musical, sin importar el idioma ni la procedencia, enriqueciéndose mutuamente. Era un lenguaje universal que solo la música de la tuna podía tejer.

Pero este viaje de la Tuna de San Marcos iba más allá de la música. Era una travesía que recordaba la amistad, la reciprocidad, la hermandad y el compañerismo. Sin duda, los lazos que trascendían los años de universidad se fortalecieron aún más. Entre buenos tragos, risas y canciones, y sobre todo ensayos, compartimos y creamos nuevas anécdotas y tejimos recuerdos imborrables. Cada paso, cada melodía, fortalecía los lazos de hermandad que unían a estos jóvenes y viejos estudiantes, convirtiéndolos en una tuna que siempre llevarían en sus corazones y razones.

Durante su peregrinaje por el Cuzco, la Tuna de San Marcos también se adentró en la gastronomía local, deleitándose con los sabores ancestrales y exquisitos. El aroma del cuy al horno, el sabor del adobo, el rocoto relleno, la alpaca, la trucha, el choclo imperial con queso despertaban sus sentidos, mientras brindaban con chicha de jora en honor a la tradición.

La noche caía sobre la ciudad imperial, y la Tuna de San Marcos se sumergía en la magia del ambiente nocturno. Los faroles iluminaban el camino por calles estrechas pero cargadas de historia, mientras las sombras danzaban al compás de sus melodías. Hicimos una parada en la República del Pisco, donde nos atendieron como a incas, y nuevamente la Plaza de Armas se convirtió en nuestro escenario principal, donde nuestra música envolvía la majestuosidad de la arquitectura colonial y los vestigios de la civilización incaica.

En nuestro itinerario, nos aventuramos a las afueras de la ciudad en busca de nuevos ceques. Las montañas imponentes y el valle sagrado de los incas nos recibieron con su esplendor natural. En Pisac, Tambo Machay y, sobre todo, en Sacsayhuamán encontramos lugares sagrados que despertaron admiración y respeto. Desde lo alto de las montañas, los acordes de nuestras melodías resonaban en armonía con la majestuosidad de la naturaleza y los apus.

Nuestros anfitriones, la joven pero encantadora tuna de la Universidad Andina del Cuzco, nos brindaron una hospitalidad excepcional. Nos hicieron sentir como en casa y nos demostraron que, después de Manco Capac, ningún cuzqueño había recibido con tanta amabilidad como ellos.

Esta travesía perdurará en el tiempo, ya que ha unido la tradición y la hermandad en un abrazo fraternal. Que la música siga resonando en sus corazones y en cada rincón de esta hermosa ciudad, perpetuando el espíritu alegre y la camaradería que la Tuna representa.

En la noche del sábado 20, la Tuna de San Marcos, con su lema “Academia S. Marci Vrbis Regvum in Perv”, se presentó en el Paraninfo Universitario de la Universidad San Antonio de Abad “Regalis Antonii Magni Cvzqvensis Academia Anno Domini”. Su música resonó en los muros cargados de historia. Fue un momento de orgullo y emoción para los tunos, quienes compartieron su talento con la comunidad universitaria y dejaron una huella imborrable en ese recinto académico. Tocaron, cantaron y así fueron nombrados la “tuna más tuna” de la ciudad imperial, mientras que “Danza del fuego – Benamor” recibió el reconocimiento a la mejor interpretación instrumental de la noche de gala.

La fiesta de despedida fue espléndida, pero ahora, sentado en el sillón, me lleva a la reflexión de que fue la última vez que pudimos compartir con un tuno tan querido como Oskín, quien destacaba por su don de gente.

Retornaremos… porque aún quedan pendientes varios cantares.
Tuno Viejo

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